El Círculo de Silencio puso su mirada en la realidad de las mujeres migrantes

Debido a la cercanía de la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta, dedicó el Círculo de Silencio a las mujeres y niñas migrantes.

Reunidos, como es costumbre, en la Plaza de la Catedral de Cádiz, a través de la lectura de un manifiesto se denunció que “en este contexto de pandemia en el que vivimos son múltiples las crisis a las que nos enfrentamos: sanitaria, económica, laboral, etc. Y todas estas crisis tienen un factor en común: las mujeres siguen siendo las más afectadas. Para muchas mujeres migrantes, las desigualdades de género generalizadas, sumadas al racismo sistemático, la violencia y otras formas de discriminación, hacen que la pandemia tenga un efecto devastador en sus medios de vida y su salud. Muchas de ellas han perdido sus empleos, mientras que otras se enfrentan a un mayor riesgo de infección debido a los trabajos que desempeñan”.

En este sentido, según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020 de la OIM- Organización Internacional para las Migraciones- , las mujeres migrantes ocupan en el mundo alrededor del 74% de los puestos laborales del sector servicios, como el trabajo doméstico, experimentando en muchos casos condiciones de precarización laboral, empleos mal remunerados y  en situaciones de irregularidad, por lo que están más expuestas a sufrir violaciones de sus derechos laborales.

Por otro lado, tan sólo un 22 % de las trabajadoras migrantes del mundo cuentan con algún tipo de  protección social, por lo que  las ayudas que algunos países establecen para mitigar la pérdida de ingresos a menudo no están disponibles para estas mujeres.

Otra realidad a la que están teniendo que hacer frente las mujeres migrantes durante la pandemia es que con las fronteras cerradas y las restricciones de viaje vigentes, muchas se han quedado “atrapadas” en países que eran de paso en sus rutas migratorias. Su vulnerabilidad en esos países y su desesperación por salir de ellos, las pone en mayor riesgo de ser víctimas de la trata de personas.

Así, en nuestro país se está produciendo un auge en la trata de mujeres explotadas laboralmente. Sin embargo, permanecen, en la mayoría de los casos, ocultas e invisibilizadas. Mujeres traídas bajo promesas de un trabajo digno cuando lo que les espera es una situación de esclavitud y amenazas continúas.

En el mundo la mayor parte de las víctimas de trata son mujeres adultas (49%), seguidas de las niñas (23%), siendo la explotación laboral el segundo motivo después de la explotación sexual.

También, según los datos de la OIM en 2020 al menos 335 mujeres perdieron la vida en las rutas migratorias de todo el mundo. Mujeres que vieron truncado su proyecto migratorio por la imposibilidad de hacerlo de manera segura y legal.

Antes de pasar al tiempo de silencio, el Círculo de Silencio se sumó al tema que ha propuesto este año la ONU con motivo del Día Internacional de la Mujer: “Mujeres líderes: por un futuro igualitario en el mundo del Covid-19”.

Con ello se pretende celebrar los enormes esfuerzos realizados por las mujeres de todo el mundo a la hora de definir un futuro más igualitario y que están en primera línea en estos tiempos duros de pandemia.

La ONU Mujeres reconoce y celebra las enormes contribuciones realizadas por las mujeres migrantes de todo el mundo, muchas de las cuales están trabajando en la primera línea de la crisis de la COVID-19, al prestar servicios en sus comunidades como profesionales capacitadas en el ámbito de la atención sanitaria, personal de limpieza, proveedoras de comida a domicilio, cajeras, cuidadoras de mayores y dependientes, empleadas de hogar y trabajadoras agrícolas.

Además, las mujeres migrantes siguen aportando beneficios vitales a sus países de origen, tránsito y destino. Todos los años, unas 100 millones de mujeres migrantes envían remesas a sus países. Y si bien persiste la brecha salarial de género, tienden a enviar una mayor parte de sus salarios que los hombres, además de hacerlo con más regularidad. Estas contribuciones ayudan a sostener las economías de muchos países y representan un sustento para las familias y las comunidades, algo que es especialmente importante durante las épocas de crisis. En la actualidad, ante la pérdida de más de 495 millones de empleos en el mundo desde el inicio de la pandemia, las familias que dependen de estas remesas están atravesando una situación de mayor vulnerabilidad.

Aparte de sus significativas contribuciones económicas, las mujeres migrantes también aportan beneficios sociales importantes, entre ellos, la adquisición y transferencia de competencias, conocimientos, ideas y normas sociales.

Por todo ello,  la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta reclamó que en la aplicación del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular,  los países conviertan los derechos humanos y la igualdad de género en elementos centrales de sus programas y políticas migratorias. “Juntas y juntos, debemos asegurarnos de cubrir las necesidades específicas de las mujeres migrantes, tanto durante la recuperación de la pandemia de la COVID-19 como en el futuro”.